abraham-belilty-249x300Los ataques simultáneos el pasado miércoles al parlamento iraní y al mausoleo de Jomeini, ambos situados en Teherán, son un recordatorio de las profundas divergencias (a nivel táctico y estratégico) que separan a los dos principales grupos terroristas sunitas.

Lo primero que llama la atención de los atentados es que han tenido lugar en Irán, país que hasta ahora ha transmitido la imagen de ser una isla de estabilidad en medio de una región en llamas. Es cierto que comparado con sus vecinos (Pakistán, Afganistán, Irak, Turquía) Irán ha conseguido mantener una relativa seguridad interior más que envidiable. También es cierto que Irán tampoco se ha librado de las acciones terroristas en los últimos años. Desde la fundación de la República Islámica de Irán el régimen lleva luchando contra grupos independentistas kurdos y organizaciones islamo-marxistas como Muyahidin-e-Khalq (Organización de los Santos Guerreros del Pueblo de Irán).

Sim embargo, los atentados del pasado miércoles han sido reivindicados por el Estado Islámico (EI): el nuevo Leviatán del sunismo radical. Se trata del primer ataque del EI en Irán. Éste hecho no debería sorprendernos, ya que los iraníes son los principales valedores de los dos gobiernos más odiados por el EI: los de Damasco y Bagdad. Si a ello sumamos que el EI ve a los chiitas como unos herejes que deben ser exterminados y que las milicias chiitas entrenadas y armadas por Irán son un elemento clave en la ofensiva contra el EI en Irak, es comprensible que tarde o temprano se produjese un ataque de estas características en Irán.

Sin embargo, al contrario que en Europa, el EI no parece haberlo tenido fácil a la hora de establecer células en Irán. No fue hasta el pasado marzo cuando el EI transmitió el primer mensaje en Farsi amenazando al gobierno iraní y anunciando la creación de una filial en el país. Esto se debe a que Irán, pese a constituir un frágil mosaico étnico (kurdo, persa, árabe, baluchi…), resulta un país abrumadoramente chiita. Los sunitas son una minoría y el EI sólo puede pescar en éste exiguo caladero. La creación de una célula terrorista debería a su vez sortear el hecho de prácticamente ningún chiita estaría dispuesto a colaborar con la misma.

Historia de una ruptura

Lo sorprendente, es que mientras el EI golpea en Teherán, el gobierno iraní sigue dando cobijo y amparo a destacados agentes de Al Qaeda. Conviene recordar que Al Qaeda nunca tomó la ruta del EI en lo que respecta a Irán y los chiitas. Es más, la brutalidad del EI para con los chiitas y el énfasis de la organización en atacarlos fue uno de los motivos de ruptura entre dos organizaciones antaño aliadas.

Los problemas surgieron prácticamente desde el principio, nada más Osama Bin Laden decidió abrir una franquicia de Al Qaeda en Irak. El líder de Al Qaeda en Irak, Abu Bakr al Baghdadi, pronto destacó no sólo por su ferocidad a la hora de enfrentarse a las fuerzas norteamericanas sino por la sanguinolencia de sus ataques a la comunidad chiita iraquí. Dicha estrategia fue constantemente condenada por Al Qaeda. Para Bin Laden y su sucesor, Ayman al Zawahiri, había que ser más juiciosos y selectivos a la hora de librar los combates en Irak. Se imponía la lógica de un enfrentamiento exclusivo con las tropas norteamericanas y sus aliados occidentales. Como sunitas radicales detestaban el desviacionismo chiita, sin embargo, consideraban que no se debía abrir tantos frentes al mismo tiempo. Primero se trataba de expulsar a los occidentales y luego ya se “limpiaría” el islam. Además, la dirección de Al Qaeda era consciente de que los ataques a comunidades chiitas debilitarían la infraestructura de la organización en Irak y en otros países de Oriente Medio. La estrategia que se imponía era por tanto la de la colaboración necesaria contra el enemigo común: Occidente.

Sin embargo, Zarqawi tenía otros planes. Sabía del resentimiento de la comunidad sunita en Irak contra los chiitas, que tras décadas de dictadura de Saddam Hussein se habían convertido en los nuevos amos del país. Zarqawi pretendía explotar el temor y la marginalización de la comunidad sunita iraquí para forzar un conflicto sectario en el país que pusiese todo patas arriba e hiciese inviable la consolidación del plan norteamericano de reconstrucción y estabilización del país. Fue en 2006, año de la muerte de Zarqawi en un bombardeo estadounidense, cuando culminó el proceso de sectorización del conflicto iraquí a través de una estudiada campaña de ataques a santuarios chiitas. El aumento de tropas ordenado por el presidente Bush aquel año evitó la guerra civil entre sunitas y chiitas. El conflicto, aunque latente, quedó contenido mientras duró la presencia militar norteamericana.

Durante el período 2006-2014 los herederos de Zarqawi (Abu Hamza hasta su muerte en 2010 y Al Baghdadi desde entonces) se mantuvieron dentro de ciertos límites para evitar una ruptura definitiva con Al Qaeda: no llevaron a cabo ataques en Irán y se limitaron a hostigar a las comunidades chiitas iraquíes, absteniéndose de hacerlo en otros países. Finalmente, en 2014 Al Qaeda y lo que se había transformado en el Estado Islámico de Irak, rompieron relaciones. El Estado Islámico denunció en un comunicado la alianza secreta entre Al Qaeda e Irán.

La polémica colusión de Al Qaeda con Irán

Entre los documentos hallados en la residencia de Bin Laden en Abbottabad se encuentran varias cartas que reflejan su honda preocupación por los ataques del Estado Islámico a los chiitas iraquíes. Bin Laden reconoce que Irán es un país clave en la estrategia de Al Qaeda: constituye un santuario para algunos líderes y una artería de comunicación entre Pakistán, Afganistán e Irak. Gracias a la permisividad iraní, Bin Laden señala, Al Qaeda ha podido mover libremente recursos, dinero y combatientes entre todos esos países. La actitud de Irán era muy beneficiosa para Al Qaeda, pero los ataques a chiitas en Irak estaban poniendo todo este esquema en riesgo.

La importancia estratégica de Irán para Al Qaeda data de antes de los ataques del 11 de septiembre de 2001. En los años 90 Irán facilitó el tránsito de miembros de Al Qaeda (incluido el de varios de los secuestradores de los aviones) que necesitaban entrar y salir de Afganistán. Durante aquellos años Al Qaeda también recibió el apoyo y entrenamiento de Hezbolá, organización pionera en el desarrollo del terrorismo suicida. Tras la caída del régimen talibán en Afganistán, docenas de miembros de Al Qaeda (entre ellos varios miembros de la familia de Bin Laden… incluidos los considerados sucesores de Bin Laden: sus hijos Hamza e Ibrahim), encontraron asilo en Irán.

La connivencia entre Al Qaeda e Irán continuó a pesar del EI y de su campaña contra las comunidades chiitas en Irak y Siria. Se trata de una connivencia táctica basada en la necesidad de desestabilizar la posición de unos enemigos comunes en la región: Estados Unidos, Israel y Arabia Saudí. Pero en el fondo Al Qaeda bebe del mismo radicalismo sunita que el EI. En último término, las posiciones (teológicas, doctrinales y políticas) de Irán y Al Qaeda son obvias y antagónicas. No obstante, ambos son actores lo suficientemente inteligentes y pragmáticos como para apreciar los beneficios mutuos de una complicidad amistosa.

Por su parte, el EI no ha perdido ocasión de señalar la blandura de Al Qaeda con Irán. Para el EI, el aireamiento de dicha confabulación debilita la posición de Al Qaeda entre un mundo sunita cada vez más concienciado del agresivo expansionismo chiita orquestado por Irán. El Estado Islámico ha llegado a denunciar que Al Qaeda es una marioneta de los servicios de inteligencia iraníes. Mientras tanto, el EI se muestra así mismo como la vanguardia del contraataque sunita en la lucha por el alma del islam frente a los embates del chiismo. Con su ataque en Teherán, el EI refuerza su imagen a la vez que pone a Al Qaeda en la difícil situación de posicionarse públicamente con respecto al papel de Irán en la región. Los ataques llevados a cabo en Teherán sirven por tanto a un doble objetivo: avivar el conflicto sectario atacando el corazón del poder chiita en Oriente Medio y recalcar el doble juego de Al Qaeda, la organización que compite con el Estado Islámico por el alma del sunismo radical.

 

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